meditación

Cuando concentrarte en la respiración lo empeora.

Casi todas las instrucciones para meditar empiezan por la respiración. Para algunas personas es justo el sitio por donde la atención no debería empezar, y hay buenas alternativas.

Te sientas, cierras los ojos y haces lo que dice cualquier app y cualquier profesor: lleva la atención a la respiración. Al minuto la respiración se siente rara. Demasiado corta, luego demasiado forzada, luego imposible de hacer sin hacerla a propósito. El pecho se cierra. El corazón se acelera. Cuando suena la campana estás más tensa que al empezar, y la conclusión silenciosa es que meditar es para otra gente.

Conviene decirlo claro: esto es frecuente, está descrito en la literatura científica desde hace más de cuarenta años y no significa que no puedas meditar. Significa que la respiración no es tu ancla, al menos por ahora. La atención necesita un sitio donde apoyarse, y la respiración es solo uno de los sitios posibles.

La respiración no es neutral para todo el mundo

La respiración es el ancla por defecto porque siempre está ahí, es gratis y queda a medio camino entre el cuerpo y la mente. Para la mayoría también es bastante aburrida, que es justo lo que la convierte en un buen sitio al que volver. Pero para una minoría nada pequeña, la respiración es cualquier cosa menos aburrida. Si has vivido con ataques de pánico, cada cambio al respirar es una posible alarma, y observarla de cerca es como mirar fijamente un detector de humo. Si tienes asma u otro problema respiratorio, la respiración es algo que vigilas por seguridad, no algo que puedas mirar sin más. Si cargas con un trauma, girar la atención hacia dentro y quedarte quieta puede sacar a la superficie la alarma que el cuerpo guarda, en lugar de calmarla.

En todos estos casos la instrucción de seguir la respiración te pide atención sostenida y cercana sobre la señal exacta que tu sistema nervioso ya vigila. La atención amplifica aquello donde se posa. Así que la respiración se vuelve más presente, más trabajosa y más incómoda, y la incomodidad se lee como un fracaso. David Treleaven, cuyo libro Trauma-Sensitive Mindfulness es la referencia habitual para profesores sobre este tema, recomienda que quien esté en esta situación elija otra ancla en vez de aguantar, y que practicar con los ojos abiertos y en sesiones cortas sea lo normal, no la excepción.

Si la respiración te pone más nerviosa, eso dice algo del ancla, no de ti.

Qué dicen los estudios

El efecto tiene nombre, ansiedad inducida por la relajación, y lo documentaron en 1983 Heide y Borkovec, que vieron que una parte de los participantes con tensión se ponía claramente más nerviosa durante el entrenamiento en relajación y la meditación con mantra, no menos. Desde entonces se ha estudiado dentro de un cuadro más amplio. Una revisión sistemática de 2020, de Farias y colaboradores en Acta Psychiatrica Scandinavica, repasó 83 estudios sobre prácticas de meditación y encontró que la ansiedad era el efecto adverso más citado, seguida del ánimo bajo y de cambios en el pensamiento. Un estudio de 2021 del grupo de Willoughby Britton, con una entrevista estructurada tras un curso de mindfulness de ocho semanas, encontró que la mayoría de participantes contaba al menos un efecto secundario ligado a la meditación, casi todos leves y breves, y que un grupo más pequeño describía dificultades duraderas.

Dos matices honestos. Estos estudios cubren sobre todo programas completos y retiros intensivos, no cinco minutos con un temporizador. Y desagradable no es lo mismo que dañino: una oleada de incomodidad que pasa forma parte de la práctica para mucha gente. Lo que la evidencia sí deja claro es que meditar no calma automáticamente, que a algunas personas les activa más que a otras, y que la respuesta sensata es ajustar la práctica, no culparte ni dejarla.

1983el año en que se describió por primera vez la ansiedad inducida por la relajación
83estudios en la revisión de 2020, con la ansiedad como efecto adverso más frecuente
mayoríade participantes en un curso de ocho semanas contó al menos un efecto secundario, casi siempre leve y breve

Seis anclas distintas

Un ancla es simplemente aquello a lo que vuelves cuando notas que te has ido. Aquí tienes seis que funcionan para quien encuentra incómoda la respiración, más o menos en el orden en que te sugiero probarlas.

1

Puntos de contacto

Las plantas de los pies en el suelo, el peso del cuerpo en la silla, las manos apoyadas en los muslos. La presión y la temperatura son estables, quedan fuera del pecho y cuesta hacerlas mal.

2

Sonido

Deja que el oído sea el ancla. El tráfico, la nevera, los pájaros, el zumbido de la habitación. Los sonidos llegan y se van solos, y eso es una lección suave en no controlar nada.

3

Contar en silencio

Cuenta despacio del uno al diez en tu cabeza y vuelve a empezar. La cuenta puede ir sobre la respiración o sola, al ritmo que te parezca sin prisa.

4

Una frase

Una palabra o frase corta repetida en voz baja, como funciona un mantra. Algo neutro o amable: "aquí", "este momento", "déjalo estar". Las palabras sostienen la atención para que no tenga que hacerlo la respiración.

5

Ojos abiertos, mirada suave

Apoya la vista en un punto a uno o dos metros, algo bajo, sin fijarla. Tener la habitación a la vista le dice al sistema nervioso que no estás atrapada.

6

Caminar

Andar despacio con la atención en los pies, o un paseo normal con la atención en lo que ves. El movimiento le da al cuerpo algo que hacer, y para mucha gente ansiosa eso es la diferencia.

Una séptima opción es un escaneo corporal corto que se salta el pecho a propósito: la atención sube de los pies a las rodillas, las manos, los hombros y la cara, y vuelve a bajar. Conserva el giro hacia dentro que hace útil la meditación y se mantiene lejos de la única zona que dispara la alarma.

Cómo elegir una

Elige según lo que tu sistema nervioso ya trata como seguro. Si lo difícil es estar quieta, elige caminar. Si lo difícil es mirar hacia dentro, elige el sonido o la mirada abierta, que apuntan la atención hacia fuera. Si tu mente necesita una tarea o se dispara, elige la cuenta o la frase, que le dan un trabajo pequeño. Si solo quieres la estabilidad de la respiración sin la respiración, elige los puntos de contacto. Aquí no hay ranking, y ningún ancla es más avanzada que otra. Contar, en concreto, tiene una historia larga y respetable, y le hemos dedicado un artículo aparte: meditación contando, la técnica que no se puede hacer mal.

Y después sujeta la elección con suavidad. Prueba un ancla durante una semana de sesiones cortas en vez de cambiar cada día, porque parte de lo que aprendes es cómo se siente volver a ese sitio en concreto. Si tras unos días está claro que no es, eso es un hallazgo, y pasas a la siguiente.

La atención necesita dónde apoyarse. La respiración es una opción, no la norma.

Probarlo con un temporizador en silencio

Un temporizador en silencio funciona mejor: tú eliges el ancla, el temporizador lleva el tiempo y nada interrumpe. El temporizador de meditación de Luvia está en los rituales y te deja fijar la duración y apagar las campanas intermedias, así que no hay nada que esperar en tensión. Empieza con tres o cuatro minutos, no con veinte. Siéntate o quédate de pie donde veas la puerta. Mantén los ojos abiertos si te sientes más segura. Asiéntate en tu ancla, nota cuándo te has ido y vuelve sin comentarios.

Si aun así sube la ansiedad, no tienes que aguantarla. Abre los ojos, mira alrededor, nombra tres cosas que veas, siente los pies y para el temporizador si hace falta. Parar antes forma parte de la práctica cuando lo eliges, no es un fallo. Con el tiempo, a la mayoría se le ensancha sola la ventana.

La lectura más amable

La historia que la gente se cuenta tras una mala sesión es que tiene demasiada ansiedad para meditar, como si meditar fuera un premio para quien ya está tranquilo. La investigación apunta al revés. Meditar es un conjunto de formas de colocar la atención, y la respiración es solo la más común. Si lo empeora, la respuesta es elegir otro sitio, no concluir que tú eres la excepción. Tus pies, el sonido de la habitación, una cuenta silenciosa, una palabra amable repetida: cualquiera puede ser aquello a lo que vuelves. Ese volver es toda la práctica, desde donde sea que lo hagas.

Las respuestas cortas

¿Por qué concentrarme en la respiración me pone más nerviosa?

La atención amplifica aquello donde se posa. Si tienes historial de pánico, un problema respiratorio o un trauma, tu sistema nervioso ya trata la respiración como una señal que vigilar, así que prestarle atención de cerca suele aumentar la alarma en vez de calmarla. Los investigadores lo describen como ansiedad inducida por la relajación desde 1983.

¿Se puede meditar sin concentrarse en la respiración?

Sí. La respiración es un ancla entre muchas. Los puntos de contacto como los pies y las manos, el sonido ambiente, una cuenta en silencio, una frase repetida, una mirada suave con los ojos abiertos y caminar despacio sirven igual como sitio al que devolver la atención, y quienes enseñan con sensibilidad al trauma suelen recomendarlos por defecto.

¿Es peligroso meditar si tengo ansiedad?

Para la mayoría no, pero meditar no calma automáticamente, y los estudios muestran que a una minoría le activa. Empieza con sesiones cortas, mantén los ojos abiertos si te sientes más segura, elige un ancla distinta de la respiración y para si sube el malestar. Si tienes un diagnóstico o un historial de trauma, es razonable hablarlo antes con un profesional.

¿Mejor una meditación guiada o un temporizador?

Si el problema es la respiración, un temporizador en silencio con las campanas apagadas te da más control, porque casi todas las grabaciones guiadas vuelven a la respiración una y otra vez. Elige tu ancla, pon de tres a cinco minutos y deja que el temporizador lleve el tiempo.

Fuentes

  1. Treleaven, D. A. (2018). Trauma-Sensitive Mindfulness: Practices for Safe and Transformative Healing. W. W. Norton. Editorial
  2. Heide, F. J., & Borkovec, T. D. (1983). Relaxation-induced anxiety: Paradoxical anxiety enhancement due to relaxation training. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 51, 171–182. Penn State
  3. Farias, M., Maraldi, E., Wallenkampf, K. C., & Lucchetti, G. (2020). Adverse events in meditation practices and meditation-based therapies: A systematic review. Acta Psychiatrica Scandinavica, 142, 374–393. Wiley
  4. Britton, W. B., Lindahl, J. R., Cooper, D. J., Canby, N. K., & Palitsky, R. (2021). Defining and measuring meditation-related adverse effects in mindfulness-based programs. Clinical Psychological Science, 9, 1185–1204. PubMed

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